Cómo tratar la piel sensible

jueves, enero 31, 2008


Recomendaciones para enfrentar con éxito los factores que la lastiman


Basta un cambio repentino de la temperatura o hasta una imprevista emoción, para que el cutis de las personas con la piel sensible se enrojezca inmediatamente.

Si bien es cierto que muchas veces es la timidez la que provoca esta "subida del color" al rostro, enrojecer no siempre significa ser tímido. Otros factores emocionales, como la ansiedad o el estrés, pueden causar el clásico enrojecimiento en las mejillas, aunque en estos casos ésta desaparece en pocos segundos. El problema es que, en las pieles sensibles, este enrojecimiento (o eritrosis), con el tiempo, puede causar la ruptura de los capilares, provocando las llamadas "telitas de araña" , que son esas antiestéticas venitas que se ven a través de la piel. Afortunadamente, éste es un problema que se puede evitar con los siguientes consejos:

· Las reglas de prevención comienzan desde la alimentación: quien tiene la piel sensible debe incluir en su dieta diaria alimentos ricos en vitamina C (naranjas, kiwis, fresas, etc.). Por otro lado, tiene que reducir al mínimo el consumo de bebidas alcohólicas así como de alimentos picantes o con muchas especias. También debe evitar los lugares demasiado calientes y húmedos (como el sauna o baño de vapor), ya que son demasiado agresivos para la piel y pueden romper los capilares. Finalmente, debe proteger siempre y en todo momento la piel con productos que contengan filtros solares, durante todas las estaciones del año, no importa si hace frío o calor. Asimismo, debe utilizar una crema hidratante y protectora en todo momento.

· La limpieza del cutis delicado: la piel delicada no ama mucho el contacto con el agua. Además, es supersensible a los cambios de temperatura. La limpieza, por lo tanto, debe realizarse con productos específicos, formulados especialmente para pieles sensibles, ya que no contienen alcohol ni ácidos derivados de las frutas, que podrían causarle daños a los tejidos cutáneos externos. Escoja un limpiador muy delicado, que no tenga que enjuagarse abundantemente. Evite, en lo posible, utilizar el agua del grifo ya que, por lo general, es muy calcárea y puede irritar la piel. Es preferible que se limpie con una leche detergente y que la retire cuidadosamente con una esponjita humedecida. Después puede utilizar una loción refrescante especial para el cutis delicado o pasarse un algodón embebido en agua de rosas o de hamamelis.

Tratamientos especiales: Cuando desee hacerse una limpieza más profunda, no utilice exfoliadores a base de granitos, ya que éstos son demasiado fuertes para este tipo de piel. Lo ideal es utilizar exfoliadores que se "borran" , es decir, que al frotarlos contra la piel, forman una especie de residuo como el de la goma de borrar, que retira con delicadeza las células muertas y las impurezas que se han acumulado sobre la superficie de la epidermis. Asimismo, es importante que, por lo menos una vez a la semana, se aplique una mascarilla antiinflamatoria o antidescongestionante. La encuentra en las familias de productos para pieles delicadas ofrecidas por las más famosas líneas de belleza, o la puede preparar en casa, mezclando hasta formar un compuesto cremoso: dos cucharadas de crema de leche doble con un kiwi machacado y un tomate pequeño, sin cáscara ni semillas, también machacado. Aplíquesela en todo el rostro, evitando la zona alrededor de los ojos. Déjela reposar por 15 minutos y luego retírela con una esponjita húmeda. Aplíquese finalmente la loción y la crema humectante.

Trucos para manejar la hipersensibilidad

Pieles que reaccionan:


Trucos para manejar la hipersensibilidad


Ya sea por el sol, los cambios bruscos de temperatura o el contacto con agentes irritantes, hay pieles que reaccionan con picazón o irritaciones exageradas. Son las llamadas pieles sensibles, que se enrojecen y/o inflaman frente a determinados estímulos externos, y que requieren de cuidados y cosméticos especiales para mantenerse saludables.

Soledad Torres D.

"Tengo piel sensible". Esta es una de las frases que más oyen los dermatólogos en sus consultas. Y es que a menudo se confunden las reacciones del cutis ante agentes irritantes con una hipersensibilidad natural. Condición que a veces se percibe a simple vista, pues aparecen rojeces y capilares rotos, o bien se manifiesta con molestias, picazón o ardor.



La doctora Juana Benedetto, dermatóloga de Clínica Alemana, aclara que una piel sensible es aquella que se enrojece y altera frente a estímulos externos, ya sean físicos, mecánicos o químicos. "Existen factores hereditarios que determinan que una piel sea sensible, y cualquier tipo de piel (blanca o morena, grasa o seca) puede serlo". También existe una sensibilidad inducida, y es la que sufre la piel por influencia de agentes externos como cosméticos inadecuados o tratamientos muy abrasivos.



La doctora Benedetto explica que los cutis sensibles por lo general se sienten tirantes, tienden a agrietarse y a mancharse, pueden sufrir de escozor y picazón. "Incluso pueden reaccionar con dolor a la aplicación de productos que le son inadecuados". Esto está directamente relacionado con que este tipo de pieles presenta una barrera cutánea o capa córnea deficiente y más permeable, que permite que los agentes irritantes penetren con facilidad y que se evapore más agua de la debida. Por eso tienden a deshidratarse con facilidad.



Se estima que las pieles sensibles también son más propensas al envejecimiento prematuro. Esto, porque los agentes externos son vistos como irritantes, y la piel se enrojece e inflama más allá de lo normal, lo que genera radicales libres que a la larga colaboran en el deterioro precoz. Asimismo, el organismo reacciona liberando neuropéptidos que se traducen en molestias y dolor. Por eso las pieles sensibles a veces se sienten incómodas o irritadas.



Enemigos en el ambiente



Entre los factores que causan sensibilidad hay agentes físicos como el calor, exposición al sol o exposición al frío extremo. Agentes mecánicos como la fricción, y agentes químicos, sean estos irritantes o alérgicos. La doctora Benedetto explica que en general las pieles sensibles lo son a varios factores a la vez. "Aunque pueden ser a uno y no a otro. Las reacciones son individuales".



SOL: Cuando la piel es fotosensible reacciona enrojeciéndose exageradamente ante la exposición solar, y aumenta la temperatura cutánea. El grado de la reacción depende de la intensidad de la exposición y de la fotoprotección con que se cuente. En algunos casos se produce urticaria solar, que es cuando la piel se enroncha. También hay ocasiones en que se produce una reacción alérgica ante el contacto de la piel con alguna sustancia fotoalergizante, lo que se traduce en un eczema con picor que se puede extender a todo el cuerpo.



COSMÉTICOS: Es habitual que las pieles sensibles reaccionen a ciertos cosméticos, ya sea porque les resultan irritantes o porque desencadenan una respuesta alérgica. Entre los irritantes están algunos jabones, detergentes, ácidos y sustancias alcalinas. Los alergenos son más variados y deben hacerse pruebas para cada caso. "La piel reacciona con enrojecimiento. En etapas iniciales pueden formarse ampollas que más tarde se descaman. También hay escozor y picazón", añade la doctora Benedetto.



COMIDAS: También puede haber sensibilidad a ciertos alimentos o condimentos. Éstos pueden irritar la piel por vía directa o bien desencadenando una respuesta alérgica. Puede manifestarse sólo con enrojecimiento y picazón, o bien con ronchas.



CAMBIOS DE TEMPERATURA: Es común que una piel sensible reaccione ante los cambios de temperatura. El calor provoca vasodilatación intensa y se manifiesta con enrojecimiento inmediato y aumento de la temperatura cutánea. Y el frío puede enrojecer y agrietar la piel.



El tratamiento básico



Pese a la fragilidad de este tipo de pieles, es posible mantenerlas saludables si se tienen ciertos cuidados. Estas son las recomendaciones de la doctora Benedetto.



-Deben evitarse los factores sensibilizantes como cambios bruscos de temperatura, mucho sol, exceso de condimentos... y tener precaución al elegir productos de limpieza e hidratación; no pueden poseer irritantes.



-La cara debe lavarse con agua tibia, y con emulsiones suaves que no alteren el pH de la piel y posean agentes hidratantes, a fin de evitar su deshidratación. Deben evitarse los productos de fricción.



-Es importante mantener la piel hidratada con productos adecuados, así como usar filtros solares que contengan pantallas minerales especialmente formulados para piel sensible, debido a que hay menor penetración cutánea.



-En caso de enrojecimiento de la piel se puede aprovechar el efecto calmante de los cosméticos con agua termal o activos naturales como la manzanilla.



-Hay que ser cautelosa en el uso de cremas que contengan ácidos como el AHA, retinol o glicólico, pueden resultar muy agresivos. Mejor consultar con el dermatólogo antes de probar.



-Se deben preferir cosméticos que no contengan perfume, ya que pueden causar reacciones alérgicas e irritación.



-No se deben utilizar técnicas de rejuvenecimiento como el peelingo láser; son efectivas pero resultan muy agresivas .


Rosácea

lunes, enero 28, 2008

La rosácea es un trastorno inflamatorio crónico que afecta preferentemente a la región centrofacial. Su etiopatogenia es desconocida, aunque se han implicado los siguientes factores: a) disminución del tono vascular (existe una tendencia acentuada a la vasodilatación y a la persistencia de ésta ante varios estímulos como el alcohol, alimentos condimentados o histaminógenos, choques emocionales, exposición solar y cambios bruscos de temperatura, entre otros), y b) actuación microbiana y parasitaria (por un lado, se ha relacionado con la disbacteriosis intestinal e incluso se ha señalado que Helicobacter pylori podría ser un factor etiológico a tener en cuenta; por otro lado, Demodex folliculorum es un parásito que, aunque también puede encontrarse en la piel normal, se presenta con una elevada frecuencia en los folículos pustulosos inflamados de la rosácea).

La rosácea suele presentarse en mujeres mayores de 30 años. Las lesiones tienden a distribuirse en las zonas centrales de la cara de manera más o menos simétrica. Más raramente pueden observarse lesiones en otras localizaciones como el tórax, los brazos, las piernas, etc. La enfermedad suele presentar una secuencia en el tiempo: al principio, suele percibirse un eritema intermitente que posteriormente se hace persistente; por último acostumbran aparecer pápulas, pústulas, telangiectasias y nódulos. La diferencia con el acné vulgar es la ausencia de comedones, por lo que no debería llamarse acné rosácea, término utilizado por muchos médicos. Los pacientes pueden presentar prurito o escozor asociado. En los varones puede acompañarse de un engrosamiento nasal con formación de masas lobuladas y dilatación de folículos pilosebáceos, que se conoce con el nombre de rinofima .

Estos pacientes pueden presentar manifestaciones extracutáneas como, por ejemplo, oculares (queratitis y blefaritis), digestivas (colon irritable, gastritis, hipo o hiperclohidria, entre otras), endocrinas (alteraciones menstruales) y presentar un psiquismo especial (suelen ser personas inquietas, emotivas, impresionables, tímidas y obsesivas)


Dentro de los diagnósticos diferenciales es importante no confundir con la dermatitis seborreica, puesto que los corticoides tópicos (en especial los fluorados) empeoran el cuadro. El eccema seborreico suele darse más en adolescentes y acompañarse de ptiriasis en cuero cabelludo (caspa); además, en la exploración física no se aprecian telangiectasias ni pústulas, típicas de la rosácea, y sí es característica la descamación amarillograsienta. Otros procesos que han de descartarse son el acné vulgar, el lupus eritematoso sistémico y la dermatitis perioral, entre otros


En cuanto al tratamiento, hemos de adoptar medidas generales, tratamientos tópicos y/o sistémicos. Las medidas generales van encaminadas a evitar posibles factores desencadenantes o favorecedores (alimentos calientes o condimentados, calor, exposición solar, alcohol, fármacos vasodilatadores, etc.). Como tratamientos tópicos han demostrado ser útiles las cremas de metronidazol al 1% y las soluciones antibióticas con clindamicina o eritromicina; es importante recordar que los corticoides fluorados están contraindicados. El tratamiento sistémico puede efectuarse con metronidazol (500 mg/día durante el primer mes, 250 mg/día el segundo mes y 250 mg a días alternos a partir del tercer mes) o con tetraciclina (1.000 mg/día los 15 primeros días para posteriormente ir reduciendo la dosis hasta llegar a la dosis mínima de control de la enfermedad, que suele ser de 250 mg/día), o bien minociclina, doxiciclina o eritromicina. Generalmente es necesario realizar de tres a 6 meses de tratamiento para su control.




Referencias Bibliográficas:
1. Plewig G. Rosácea. En: Fitzpatrick TB, Eisen AZ, Wolff K, Freedberg IM, Austen KF, editores. Dermatología en medicina general. Madrid: Editorial Médica Panamericana S.A., 1997; 762-771.
2. Camacho F. Acné. Erupciones acneiformes. Rosácea. En: Armijo M, Camacho F, editores. Tratado de dermatología. Madrid: Grupo Aula Médica, S.A., 1998; 241-245.
3. Zamora E, De Castro A. Acné rosácea. Piel 1988; 3: 138-141.
4. Zaballos P, Echevarría V, Rodero J, Garrido A. Dermatosis eritematosas faciales agudas. Medicina Integral 2000; 36: 245-252.


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